Brain Bag / Jun Takahashi

En la historia de la medicina y la filosofía los organos suelen ponerse de moda, en el inicio del siglo XXI lo que se lleva es el cerebro.

Esta moda le viene bien a los neurólogos, una especie de investigadores hasta hace poco tan grises como la materia de su estudio. Hoy todos quieren meterle mano a su organo y los regenteadores más buscados son estos psicoanalístas biológicos que ofrecen el mapa reflexologico del cráneo interno donde se contienen todos los misterios del hombre y, si les provocan, del universo entero.

El proximo Einstein será neurofisiologo, o al menos eso promete la academia. El peligro que corren el resto de las disciplinas científicas no es menor, pronto sus investigaciones serán tan insustanciales como las del arte lo son hoy en día. La lógica hace pensar que el organo que pregunta es el mismo que debe responder, así que ¿para qué buscar respuestas en otras partes si al final el que genera toda explicación del mundo es el cerebro?

Se acabó, ya no queremos teorías, queremos neuronas respondonas. Señores científicos, bienvenidos al terreno de las artes, donde ya nada aporta conocimiento, si quieren fondos para sus investigaciones aprendan a burlarse del stablishment, la ironia también está de moda y la produce el cerebro.