Paso el tiempo de ser pop, de  ser modernos.

Hoy muere Richard Hamilton, padre del Pop Art, pero su hijo hacia ya años que se pudría en su feretro museográfico.

Del espíritu contestastatario de los 60s al arte contemporáneo del siglo xxi han pasado muchas cosas, la principal es que los espectadores se han vuelto abúlicos y los artistas insustanciales.

Viendolo bien esa era la tesis del arte del Pop, evidenciar la superficialidad de las sociedades modernas y el sistema de imagen global que estaba falsificando la realidad.

El Pop triunfó y su resultado fue la banalización de todo ejercicio artístico, lo cual conllevó a que los artistas vieran su función como una ironía sin sentido, una broma muy elaborada imposible de descifrar. El oficio del artista contemporáneo es la de ser un payaso sin gracia; el chiste está en burlarse de todo pero sin que nadie lo note.

¿Lo hacen porque se sienten ofendidos?

Lo mejor de Hamilton es que era un tipo gracioso, el mismo Wharhol lo fue tambien, payasos tristes pero originales. Con su muerte termina una era muy significativa para el negocio de la comedia del arte.

Debería organizarse una retrospectiva en el museo de La Comedie Fracaise en su honor.