Deseamos olvidar el dolor, pasar por él, pasar de él, pero hay una memoria del dolor mucho más afinada que la memoria del placer, uno puede recordar el dolor y tener una resonancia física, un escalosfrio; pero el placer es más sutil, es más ciego, requiere más elementos de memoria, más conexiones neuronales para activarse (supongo) porque su recuerdo es lento, se alarga, se retarda, mientras que la contracción muscular del dolor es instantánea. Uno busca el éxtasis del orgasmo y este requiere el trabajo consciente de su contrucción, es siempre nuevo y complejo.  Sin embargo el dolor llega en su plenitud, inesperadamente.

Quizas quienes se falgelan, los masoquistas, experimentan la inmediatez como placer, los otros, los cobardes, somos proclives a la espera.