
El trabajo de Roger Ballen me gusta tanto que hasta siento desconfianza, no doy crédito de la fuerza e sus imágenes y si no es todo un gran montaje, porque al final de cuentas lo es y aún asi sigue funcionando, se lo ha montado a la mejor de las maneras posibles.
Me parece que por encima de la perfección de la obra de Ballen este es un anticipo de una obra viva más grande, donde el registro de la rareza se transforma en una gramática de la respiración y del pensamiento sensorial.
Deseo ver esto en la danza, más allá del butho que se le aproxima.

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