Sólo en su
absoluto abandono , en contra de su esencial función y eficiencia, el espacio arquitectónico se impone como lugar sagrado, la sensación de invadir un espacio inhumano es lo que logra crear una experiencia mística. Todos los templos lo buscan y, si lo consiguen, pueden entonces operar el verdadero efecto estético de la sacralidad.
Un verdadero museo funciona cuando esta deshabitado, cuando apenas unas cuantas personas irrumpen en el otrora vacío almacén de las inturas, o de los esqueletos. Un museo demasiado "vivo" es siempre desconfiable, lo mismo que una iglesia.
Lograr, mediante la
catástrofe o el artificio tal sensación de "naturaleza" es la misión del nuevo "espacialismo", disciplina plástica superior al instalacionismo.