Los cuerpos en cuestión


Puede decirse que Spencer Tunik tiene en este momento más relevancia en México que ningún otro fotografo en la historia, no porque su obra sea más valiosa, significatica, documentativa, emotiva, histórica o artística que la que otros artistas extanjeros o nacionales hayan aportado, sino porque más gente le conoce, es el único fotógrafo que ha merecido ocho colomnas en todos los periódicos y noticiarios del país.

¿Cómo entender la imagende lo mexicano sin las aportaciones de Edward Weston, Juan Rulfo, Eduard Tissé, Salas Portugal, Los hermanos Casasola, Gabriel Figueroa, Pedro Meyer, Katy Horna,Cartier Bresson, y un enorme etcétera?
Provenientes de las distintas vertientes de la imagen, el fotoperiodismo, el arte, el cine, estos autores han trabajado ampliamente con el cuerpo mexicano tratando de extraer de sus imágenes signos de identidad esencial.

Sin embargo en el imaginario actual pocos, muy pocos de los 20,000 asistentes a performance de Tunik podrán nombrar a uno solo de esa larga lista, en el fondo porque lo que motiva a los modelos no es la apreciasión artística tanto como la experiencia estética de la acción corporal, happening para ser más precisos, así como el sentimiento liberador de la participación en un desafio a la costumbre; a la moral.

Querer evaluar esta operación artística como imagen resultante es sólo una, quizas la más dévil, de las opciones de análisis de este fenómeno, inscrito en la lógica del arte participativo, postestructuralista, no objetual, programático y performático tal y como este montaje propone. El conjunto de registros, de mayor o menor fortuna formal que implica el portafolio de imágenes de Tunik es solo un subproducto, un pretexto para la acción social de esta operación y quizas es más un lastre que una virtud.

El talento del autor es menos significativo en lo fotográfico que en lo pragmático, el dispositivo social en acción habla más sobre los fenomenos contemporáneos del campo artístico que los resultados formales (como ejemplo la obra de Christo y sus envolventes, que han trasmutado de la obra como pieza al proyecto como operación social). La obra supera las expectativas numericas y conceptuales de autor, trasciende el campo de lo estético y se inscribe en lo social creando multiples lecturas en un entorno amplio de actores y espectadores del fenómeno.

En su proyecto global Tunik retrata el mundo más allá de las identidades personales de los sujetos implicados, sus fotos son vistas panorámicas donde una masa humana se repite acumulativamente, donde los cuerpos regularmente se funden en microidentidades fractales, donde el espacio tiene mayor singularidad que los humanos. El de Tunik es un retrato de conjunto de una sociedad global descentrada, desarraigada, anónima pero omnipresente, inmovil pero profusa, definida óptica y sexualmente pero no identitaria. Promulga una nueva libertad: la de la indefinición, la visibilidad plena sin referente preciso, internacionalismo integral, globalidad y humanismo hegemónico; triunfo del expansionismo mercantil.

Con todo ello la obra tiene un sesgo crítico, un punto de quiebre conceptual, no intencional, a contramano; de manera accidental se cuela la derrota de la felicidad del sujeto, su triunfo sobre la desnudez es la evidencia de su insignificancia: debajo de la ropa no somos libres, no por ser semejantes escapamos al cuerpo social, no lo superamos; el cuerpo social lo construye el simbolo cultural (la urbe, la ropa) y el cuerpo contemporáneo (bisexuado, anatómico, médico y político). Nuestros cuerpos son invisibles aún desnudos porque no hay otredad posible, no hay novedad ni diferencia significativa que escape a la cultura como marca global.

Las nuevas identidades (las actuales, las únicas posibles) son indistintas.
El cuerpo artificial del desnudo contemporáneo no tiene esperanza.