El dolor es ciego, quien sepa de enfermedades sabrá que no hay como la certeza del dolor, más allá de la superfice, dentro del cuerpo, y la contradicción entre sentirlo y poder tocarlo. Tras días de convalecencia la pintura de Caravaggio "La incredulidad de Santo Tomás" me resulta más significativa.
La mirada de los apóstoles se dirige a la evidencia de la herida, a la prueba, pero no a la constancia de lo divino. Queda de nuevo comprobada mi teoría: lo divino es invisible porque es demasiado evidente, por lo tanto, impenetrable para los sentidos comunes. Sobre lo humano pesa la prohibición de la sutileza. Derrota poética.
The incredulity of Saint Thomas
1601-1602, Neues Palais, Potsdam

Sometimiento a la imagen
Carmen
6 jul 2005 | 10:40 PM
...será por eso que las pruebas de lo sublime no serán bastantes y su ofrecimiento es una consesión sin garantías. O como en el caso de las fotograías de Witkin, tal evidencia de corporeidad lleva a experiencias que rebasan la sóla percepción de la materia y se mezclan con lo sublime, entendido como el rebase de los sentidos.
averadiante
7 jul 2005 | 05:02 AM
Lo sublime, esa categoría de lo indescifrable, claro, lo que escapa a lo bello, a lo armónico, a lo mesurable, a lo canónico. Es curioso que la estética, ciencia de lo sensible, acuñe un concepto que impique "el rebase de los sentidos" Lo sublime se siente, es un sentimiento, una sensación de infinitud, pero una sensación "estética" valga el pleonasmo. lo cierto es que lo sublime es, es esencia, lo artístico, lo que escapa a la estética, lo que rebasa la teoría.