El dolor es ciego, quien sepa de enfermedades sabrá que no hay como la certeza del dolor, más allá de la superfice, dentro del cuerpo, y la contradicción entre sentirlo y poder tocarlo. Tras días de convalecencia la pintura de Caravaggio "La incredulidad de Santo Tomás" me resulta más significativa.
La mirada de los apóstoles se dirige a la evidencia de la herida, a la prueba, pero no a la constancia de lo divino. Queda de nuevo comprobada mi teoría: lo divino es invisible porque es demasiado evidente, por lo tanto, impenetrable para los sentidos comunes. Sobre lo humano pesa la prohibición de la sutileza. Derrota poética.

The incredulity of Saint Thomas
1601-1602, Neues Palais, Potsdam