La Coctelera

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Categoría: Especular

John Maeda, MIT Media Lab


He concluido mi primer y espero no último curso de Introducción al Arte Digital en el instituto Íconos de la Ciudad de México; después de más de 13 años de ausencia de la vida docente estas son mis impresiones:

Pese a habitar desde hace más de 15 años (para México) en un entorno tecnologizado por los ordenadores, abierto al libre tránsito de tecnologías desde el primer mundo y que el panorama del arte medial entró en el léxico de los artistas latinoamericanos desde mediados de los años 70s, aún se resienten en las escuelas de formación de artistas plásticos, literarios o de otro tipo una total falta de inclusión de los elementos de análisis y comprensión del arte tecnológico producto de las primeras vanguardias modernas.

La hegemonía de los discursos políticos reivindicativos de la tardo-revolución siguen siendo banderas ideológicas que impiden la apertura conceptual del arte expandido como recurso de exploración de sentido.

El énfasis entre los artistas latinoamericanos, sigue estando en los tópicos de identidad racial, cultural y de clase frente a los discursos internacionalistas y globales que confrontan el problema de la función del arte en un panorama más complejo. Esto lleva a que los discursos latinoamericanos encuentren poco o ningún eco fuera de los entornos locales.

Las instituciones de desarrollo tecnológico no se plantean siquiera la existencia de un prospero y profuso campo de exploración de los medios como herramientas de producción de bienestar, contenido y experiencias de desarrollo de la cultura; a diferencia de ciertas sociedades generadoras de tecnología y conocimiento en México aún el enfoque desarrollista como mera industria de transformación material aplica una estrategia de desculturización en todos los niveles.

Las definiciones de arte entre amplios sectores especializados sigue siendo afín al modelo estético del romanticismo nacionalista.

Las aplicaciones tecnológicas asociadas a la imagen se contemplan como extensiones del proceso creativo mercantil y de la comunicación de masas, más próxima a la definición de diseños como aplicaciones metodológicas de embellecimiento que a las cualidades experimentales del arte como lenguaje.

La producción y difusión del arte tecnológico en México es prácticamente a título personal de unas cuantas personas que han optado por construirse una formación autodidacta en tecnologías y que carecen de un entorno articulado de elaboración, discusión, confrontación y enriquecimiento de conocimientos y experiencias en su disciplina debido a la casi total falta de recursos institucionales de orden público o privado.

Nano

Las estructuras son marcos referenciales, lo absurdo es que son serias, bien, serias deveras, y ahí están desaprovechadas, cuando deberíamos dejarlas solas trabajar como deben, sin interrumpir su función esencial, la de enmarcar nuestra mirada hacia el mundo.


El bukispeare

La cultura y la lectura son un binomio imposible de disociar a estas alturas, ¿quién duda de la necesidad de la bibliofilia para alcanzar la sabiduría mínima de un ciudadano educado? Sin embargo esta virtud esta necesariamente comprometida con la fobia que el leer representa: una carga onerosa de sufrimiento y privación necesaria como sacrificio para obtener los beneficios de la cura. Leer un libro es como tener que visitar a la tía abuela solterona que nos cuente sus historias o, peor aún, nos de clases de aquello que dice dominar. El tono sacramental con el que suele referirse a la lectura como antídoto de la la ignorancia han servido tan solo para despertar la más auténtica desconfianza hacia una práctica potencialmente buena. Sin embargo no toda lectura es culta ni educativa, ni todo autor sabio ni toda obra literaria valiosa o siquiera bien escrita. El encumbramiento de la práctica literaria y los autores como conciencias preclaras y de opiniones incuestionables hace un flaco favor a la muy sana práctica de la crítica y la duda tan cara al verdadero conocimiento. Asumir que la industria editorial es un negocio donde la popularidad del autor es razón suficiente para valorar una obra, a la manera de la industria discográfica donde no se cuestiona el gusto de los consumidores, ha ocasionado una severa falta de juicio sobre la calidad de la escritura contemporánea que, a mi manera de ver, ha banalizado cualquier ejercicio literario y por extensión crítico. Renunciar a la autoría, pero también a los libros, a la autoridad de la palabra impresa y empezar de nuevo, con más humildad, a contar las cosas del mundo, dudando incluso del valor de hacerlo, creo yo, sería sano.

Dorar la muerte

Demian Hirst y su calavera , raro; algo viejo, algo prestado, algo azul, como si se fuera a casar; el proceso de orfebrería como principal atractivo de la pieza, ¿acaso el discurso artístico tiene importancia? Una conversación reciente con Francisco Maldonado iluminó la cuestión: en el campo del arte contemporáneo, en especial la plástica, el mercado lo es todo.
¿Qué supera hoy en día el valor del mercado en las artes plásticas? Os reto a descubrirlo o a secundar mi razón.

El artículo de Oscar Salamanca sobre la obra inédita de su hermano me ha hecho reflexionar sobre los paralelismos pictóricos que involuntariamente reproducimos los artistas, es como una conexión o una inevitabilidad, nos nutrimos de los mismos referentes visuales y nuestras derivaciones son condicionadas por el mismo proceso lógico, pero además estamos atrapados en la forma del aparato reflexivo y el ejecutor: la mano, el ojo, la mente. Esta limitante es la misma para todos pero la resolución formal última tiende a crear la radical diferencia; cuando se consuma la obra se crea algo original: un reflejo de luz sobre el proceso ciego del estilo.

A partir de Nada

Nothing