La Coctelera

irradiación

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Deseamos olvidar el dolor, pasar por él, pasar de él, pero hay una memoria del dolor mucho más afinada que la memoria del placer, uno puede recordar el dolor y tener una resonancia física, un escalosfrio; pero el placer es más sutil, es más ciego, requiere más elementos de memoria, más conexiones neuronales para activarse (supongo) porque su recuerdo es lento, se alarga, se retarda, mientras que la contracción muscular del dolor es instantánea. Uno busca el éxtasis del orgasmo y este requiere el trabajo consciente de su contrucción, es siempre nuevo y complejo.  Sin embargo el dolor llega en su plenitud, inesperadamente.

Quizas quienes se falgelan, los masoquistas, experimentan la inmediatez como placer, los otros, los cobardes, somos proclives a la espera.

Laboratorio

Así lucía mi mesa de trabajo durante la elaboración de Santos Naturales; ese caos indispensable para que las cosas sucedan, cuando el vacío es el enemigo; soy un autor anti-zen, pro-Tao.

Boarding House

El trabajo de Roger Ballen me gusta tanto que hasta siento desconfianza, no doy crédito de la fuerza e sus imágenes y si no es todo un gran montaje, porque al final de cuentas lo es y aún asi sigue funcionando, se lo ha montado a la mejor de las maneras posibles.
Me parece que por encima de la perfección de la obra de Ballen este es un anticipo de una obra viva más grande, donde el registro de la rareza se transforma en una gramática de la respiración y del pensamiento sensorial.
Deseo ver esto en la danza, más allá del butho que se le aproxima.

blue on the face

se dará la ocasion en
que todos los datos requieran
incertidumbre. Anticipese la reacción del
espectador, para dinamitarla, y
quede una sombra. Un tono.

vestigio

he visto

mi obra sobre si misma como la fracción de un sentido

una partícula de razón orientandose y oscura

ajena, pensandose  un virus

una bacteria egoista

una cosa entre las cosas

que eligió prescindir del gusto

y me lleva, a tiempo, a su espacio dividido

al abandono,

me conduce

y  termina.

cuando te das cuenta

Kim Joon

El cuerpo es un buen y mal consejero, gran parte de la obra pictoricista o fotográfica sobre la belleza del cuerpo suele terminar en una serie de lugares comunes muy vistos y poco arriesgados; nada habría que reclamerle más a un arte del cuerpo que el que raye en lo convencional.
Por ello la obra del coreano Kim Joon resalta entre una serie de ejercicios exploratorios en la capacidad de convertir algo tan periclitado y kistch como el desnudo y el tatuaje en una fructífera exploración formal de la belleza textural del este objeto asexuado que es el desnudo idealista.

Una de las principales barreras del cuerpo es su profusión, su repetimiento, donde el objeto se vuelve sobre si mismo y en ello se limita a su clonación y derivación más allá e cualquier significación externa. Este acto solipsista del cuerpo humano como paisaje es una de las variaciones de lo monstruosos, espacio íntimo de lo humano.

Una belleza mórbida, una pasión no tanto visual como táctil, ese ojo cuerpo que se regodea en la infinitud de la piel.